Tradicionalmente la alimentación ha venido siendo a base de potajes, calderetas, patatas con bacalao y otros guisos y escabechados. Han tenido mucha importancia en la alimentación, sobre todo en los inviernos las matanzas del cerdo y también la caza (conejos, liebres y perdices) que servían de base para suculentos platos.

A
partir de noviembre se iniciaban las matanzas del cerdo del que se aprovechaba todo; la degustación se iniciaba con la pasta de morcillas y los "chumarros" asados y a partir de ahí, se despedazaba entero, para realizar los enajos, los chorizos, los curados, los lomos y costillares (que una vez fritos se metían en conserva de aceite).

Para
San Antón se hacían “hormigos” preparado en la sartén a base de aceite o manteca con harina, leche y trozos de chorizo o torrezno. ("hormigos con san Antones") Los había dulces y salados.

En
repostería se elaboran magdalenas, tostones, españoletas, mantecados y ricos rosquillos de sartén que se llamaban “rosquillos del esquilo” y los buñuelos para San José, unos eran de viento y otros menos huecos.


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